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El
Hotel Telegrafo funcionó desde el año 1860 ubicado en la calle Amistad,
con su fachada mirando hacia el Campo de Marte, destinado a prácticas
militares de aquel entonces. Alrededor del año 1888 se trasladó a una de
las esquinas más concurridas de la cudad, esta formada por las calles de
Prado y Neptuno, para quedarse definitivamente en la edificación que
ocupa hoy este hotel.
Siete
años después, el matrimonio confrontado por Don Guillermo del Toro y Doña
Pilar Samoano,
reconocidos comerciantes, destacados en el negocio hotelero
de la época, adquieren el inmueble para realizarle importantes cambios.
Le adicionaron una planta más y el portal cubierto que tiene en nuestros días.
Estos señores convirtieron el Hotel
Telégrafo
en uno de los once mejores de Latinoamérica, con novedosos servicios y
una sobresaliente reputación
Auténtico
y lujoso, el telégrafo regresa para recordarnos al paradigmático
hotel que fuera a fines del siglo XIX. Su ecléctica fachada descubre hoy
la evolución arquitectónica que tuvo en el tiempo.
Dos primeros niveles
que respetan su concepción original constituyen el preludio para los
pisos superiores, muestra de una idea much más cotemporánea. Sesenta y
tres espaciosas estancias de altos puntales, instaladas en tres pisos
habitacionales, proporcionan la vista sobre todo el Paseo del Prado. Sus
visuales interiores descubren las ruinas del patio central donde se
encuentra situado el snack-bar. Grandes arcadas de medio punto y
carpaneles destapadas muestran sus ladrillos y mampostería para
contrastar con el resto de su moderno diseño.
Un
gran mural cerámico a la manera de collage, que detalla elementos de la
arquitectura colonial habanera, y un burbujeante espejo de agua magnifican
el patio interior. Con una entrada independiente a la principal del hotel,
donde se encuentra su moderno lobby, su magnífico restaurante de cocina
internacional. Su decoración con un mobiliario contemporáneo transmite
un ambiente clásico a los amplios espacios iluminados por vitrales.
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